Abrí la puerta y salimos corriendo en dirección contraria a aquellos muertos, estaban demasiado ocupados asaltando aquellos portales como para darse cuenta de nuestra presencia. Sin saber porque corrimos hacia la Renfe, no había nadie en toda la calle Real. Entramos y nos saltamos las puertas de los ticket, corrimos escaleras abajo y saltamos a la vía.
¿A dónde vamos ahora? - pregunto Dani
Creo recordar que los seguratas tienen sus taquillas por aquí – dije
Corrimos hacia la puerta que estaba en una de las paredes de las vías. Comprobé si estaba echada la llave.
Está abierta – dije
Entramos y efectivamente era el taquillero, lo registramos todo por si encontrábamos alguna de las armas reglamentarias, pero no encontramos nada. Cogimos todas las hachas, espadas y demás cosas que cogimos en la casa de Pepe y nos las repartimos. Dani saco una caja no muy grande de su mochila, la abrió y saco de ella material que supusimos había cogido de urgencias. Se acerco a Luis y le empezó a quitar los puntos. La herida ya estaba cicatrizada, pero la tonalidad negra cubría su pierna desde la ingle hasta la rodilla, no pintaba nada bien todo aquello.
No sabíamos qué hacer ni a donde ir, estábamos nerviosos y bastante preocupados. Teníamos miedo de salir y encontrarnos con aquellas aberraciones.
No deberíamos quedarnos aquí mucho tiempo – dijo Tomek - Esos bichos podrían aparecer en cualquier momento
Opino lo mismo – dijo Pepe
Como queráis, a mi me da igual – dije
Salimos de la habitación y volvimos a las vías, solo se escuchaba nuestra respiración y nuestros pasos. Nos dirigimos a las escaleras y comenzamos a subir por ellas. Solo fueron cinco escalones, cinco escalones y entonces lo oímos. Todos los cristales de la estación de tren reventaron a la vez que decenas de agudos chillidos se clavaban en nuestras cabezas. Vimos caer los trozos de cristal escaleras abajo, no hizo falta decir nada, sabíamos lo que había que hacer,… dar la vuelta y correr.
Nos adentramos en el túnel, no veíamos nada, nos encontrábamos lejos de la leve luz que venía de la estación, y a pesar de que teníamos una linterna no la utilizamos por miedo a que aquellas criaturas nos vieran. Los chillidos eran lejanos, no sabía dónde estaban los demás, aunque oía gente corriendo cerca de mí. A fondo del túnel logre distinguir la leve luz de la salida.
Salimos del túnel, miramos a nuestro alrededor, Dani, Pepe y Edgar salían detrás nuestra.
¿Y ahora qué? - dijo Dani
Nadie dijo nada. Todos estábamos pensando que hacer y a donde ir.
Como veo seguís vivos – se escucho una voz de hombre mayor, pero parecía no venir de una dirección concreta – me alegro de que así sea, debéis venir a verme.
¿Y quién cojones eres? - grito Tomek - ¿Donde estas?
Lo sabréis cuando me encontréis – contesto la voz – Caminar con cuidado pues Parla es un campo de batalla, deberéis daros prisa.
Vale, ¿Pero dónde te buscamos? - dijo Luis
Venid a Parla Este, allí me encontrareis – contesto
¿En qué parte de Parla Este? - pregunte
Pero no hubo respuesta, no sabíamos quién era ni que quería, aliado o enemigo, ayuda o trampa.
Deberíamos ir, a lo mejor puede ayudarnos – dijo Dani
Tampoco tenemos ningún plan mejor – dijo Edgar
Pues vámonos ya antes de que nos encuentren – dijo Pepe
Decidimos ir por las vías del tren hasta llegar a la altura del Carrefour. Todo estaba tranquilo y comenzaba a anochecer, debíamos darnos prisa, de noche y sin luz era un suicidio andar por ahí. Salimos de las vías del tren y cruzamos campo a través, llegamos a la rotonda de la salida a Pinto, la cruzamos con cuidado y caminamos atento a todo. Entramos en la zona de Parla Este, no escuchábamos nada, ni vimos nada extraño, seguimos caminando por los raíles del tranvía hasta que vimos uno de los tranvías medio destrozado encima del asfalto. Nos acercamos con cuidado, y fue cuando vimos en medio de la calle un agujero enorme que ocupaba prácticamente la calle de edificio a edificio. Era como un abismo, no se veía fondo.
Por fin habéis llegado – dijo la voz que escuchamos antes
Al otro lado de ese inmenso agujero distinguimos una silueta, parecía ir vestido con túnicas y llevaba puesta una capucha.
Corred, hay mucho que hacer, deprisa – nos dijo
No dijimos nada y tampoco nos lo pensamos mucho, corrimos hacia el bordeando aquel abismo.
Seguidme – nos dijo cuando estábamos casi a su lado, y empezó a correr
Le seguimos por varias calles hasta que se paro frente a un portal. Susurro unas palabras que no alcanzamos a oír. En ese momento frente al portal surgió una gran roca rectangular cubierta de runas, y lo que parecía una puerta de piedra tallada con varias runas formando círculos.
Aquel hombre fue rozando una runa por círculo a la vez que susurraba palabras extrañas. Las runas comenzaron a brillar y la puerta se abrió.
Pasad por favor – dijo el hombre tendiendo su brazo hacia la puerta – una vez dentro hablaremos
lunes, 2 de febrero de 2009
martes, 20 de enero de 2009
Capitulo 4
Edgar – grite a la vez que corría hacia él
Me miro pálido, tenía las playeras llenas de sangre y algún que otro salpicón en la ropa. Junto a su pie derecho se encontraba un cuchillo bastante grande untado en sangre.
¿Que ha pasado? - Pregunte
Los he matado – susurro
¿A quién has matado?
A todos – en ese momento rompió a llorar
Los demás se encontraban a un par de metros de nosotros esperando hasta que nos acercamos.
Nadie pregunto nada a Edgar, ya dábamos por hecho que fuera lo que fuera había sido muy duro para él, asique decidimos no preguntar. No sabíamos ni qué hacer ni a donde ir, mientras lo decidíamos Luis grito de dolor y se toco el garrazo de la pierna. Dani se acerco para echarle un ojo a la herida pero Luis lo único que hacía era agarrarse la pierna mientras gritaba – ¡QUEMA! ¡QUEMA! - Al final le pudimos sujetar entre los demás mientras Dani le miro la herida.
Ostias – fue lo único que salió de su boca
¿Qué pasa? - preguntamos los demás
No lo sé – dijo sin apartar la vista de la herida
Luis parecía que se calmaba y lo soltamos, seguidamente observamos la herida. Los puntos seguían como nuevos y parecía que ya estaba casi cerrada la herida, en una noche, era imposible. Además alrededor de la herida se dibujaba un tono negruzco que parecía que se fuera a extender por toda la pierna.
Yo creo que eso no es normal – dijo Pepe
Normal no es y bueno tampoco creo que sea – dijo Dani
Bueno de momento vámonos y ya veremos qué pasa – dijo Tomek
Habíamos decidido ir a casa de Pepe, tenía en la pared de su habitación una pequeña armería que sería suficiente para nosotros seis. Decidimos armarnos por precaución y fue cuando Pepe dijo – vamos a mi casa-. Caminamos por la calle de Isabel II y seguidamente andamos por la calle torrejón, no se oía ni un alma y era preocupante y bastante agobiante, no podíamos ser los únicos supervivientes a todo esto. Al salir de la calle torrejón vimos que la calle Pinto estaba llena de coches estampados unos con otros, sangre en los cristales y en el suelo pero... no había rastro ni de un solo cuerpo, todos los supuestos cadáveres que se deberían encontrar aquí no estaban. Todo esto era muy extraño y aligeramos el paso, Luis no necesitaba ayuda para caminar y parecía recuperado milagrosamente. No hubo rastro de nadie más de camino a la casa de Pepe, ni vivos, ni muertos. En su casa tampoco había nadie, probamos suerte con el televisor, la radio y el ordenador pero no funcionaba nada. Preparamos las armas y un par de mochilas con comida y otras cosas de necesidad. Decidimos quedarnos allí todo lo posible, las armas y las mochilas estaban preparadas por si había que salir corriendo. Comimos a eso de las dos más o menos y nos quedamos dormidos.
Un par de horas más tarde nos despertó un barullo en la calle, se oían gritos y voces extrañas. Nos asomamos con cuidado para pasar desapercibidos y vimos gente. Una multitud de gente andaba por la calle con tranquilidad pero se movían de una manera algo extraña. Entonces nos fijamos mejor y distinguimos sangre en su rostro a la altura de la boca, en sus manos y algunos en sus ropas.
Son zombis – dijo Dani
Se mueven con demasiada agilidad – dije yo
Son necrófagos – dijo Edgar – Mi familia se convirtió en eso y los tuve que matar, después corrí y me escondí en el ambulatorio, allí pase la noche y cuando oí ruidos por la mañana creía que eran más de esas cosas y por eso salí con el cuchillo, cuando os vi no me lo creí.
¿Quieres decir que esos bichos son como los de la película de veintiocho días después o como la de rec? - pregunto Pepe
Si, más o menos – respondió Edgar
Ahora sí que debemos permanecer aquí todo el tiempo posible, la calle es más peligrosa, entre los bichos raros y estos zombis que hay por las calles es imposible andar por ahí sin ser vistos – dijo Dani
Deberíamos sacarle filo a las armas que no tengan – dijo Luis
¿Y con que los vas a afilar? - pregunto Pepe
No sé, ¿no tienes nada para afilar el cuchillo del jamón? - pregunto Luis
¿Sabes con que afilamos el cuchillo del jamón? - pregunto Pepe seguido de – lo afilamos con la polla
En ese momento oímos como la puerta de un portal cercano revienta por un fortísimo golpe. Yo aun estaba al lado de la ventana y fui el primero en asomarme por ella. Las monstruosidades aquellas embestían contra los portales para abrirles paso a los zombis. Todo indicaba que íbamos a tener que salir de allí lo más rápido posible y con muchísima discreción. Arramblamos con todos los bártulos que teníamos preparados por si había que salir corriendo y abrimos la puerta de la casa, bajamos las escaleras corriendo para que al salir del portal las criaturas estuvieran aun algo apartadas. Ya en la puerta del portal agarre el pomo, mire a los demás y conté.
Uno, dos y tres...
Me miro pálido, tenía las playeras llenas de sangre y algún que otro salpicón en la ropa. Junto a su pie derecho se encontraba un cuchillo bastante grande untado en sangre.
¿Que ha pasado? - Pregunte
Los he matado – susurro
¿A quién has matado?
A todos – en ese momento rompió a llorar
Los demás se encontraban a un par de metros de nosotros esperando hasta que nos acercamos.
Nadie pregunto nada a Edgar, ya dábamos por hecho que fuera lo que fuera había sido muy duro para él, asique decidimos no preguntar. No sabíamos ni qué hacer ni a donde ir, mientras lo decidíamos Luis grito de dolor y se toco el garrazo de la pierna. Dani se acerco para echarle un ojo a la herida pero Luis lo único que hacía era agarrarse la pierna mientras gritaba – ¡QUEMA! ¡QUEMA! - Al final le pudimos sujetar entre los demás mientras Dani le miro la herida.
Ostias – fue lo único que salió de su boca
¿Qué pasa? - preguntamos los demás
No lo sé – dijo sin apartar la vista de la herida
Luis parecía que se calmaba y lo soltamos, seguidamente observamos la herida. Los puntos seguían como nuevos y parecía que ya estaba casi cerrada la herida, en una noche, era imposible. Además alrededor de la herida se dibujaba un tono negruzco que parecía que se fuera a extender por toda la pierna.
Yo creo que eso no es normal – dijo Pepe
Normal no es y bueno tampoco creo que sea – dijo Dani
Bueno de momento vámonos y ya veremos qué pasa – dijo Tomek
Habíamos decidido ir a casa de Pepe, tenía en la pared de su habitación una pequeña armería que sería suficiente para nosotros seis. Decidimos armarnos por precaución y fue cuando Pepe dijo – vamos a mi casa-. Caminamos por la calle de Isabel II y seguidamente andamos por la calle torrejón, no se oía ni un alma y era preocupante y bastante agobiante, no podíamos ser los únicos supervivientes a todo esto. Al salir de la calle torrejón vimos que la calle Pinto estaba llena de coches estampados unos con otros, sangre en los cristales y en el suelo pero... no había rastro ni de un solo cuerpo, todos los supuestos cadáveres que se deberían encontrar aquí no estaban. Todo esto era muy extraño y aligeramos el paso, Luis no necesitaba ayuda para caminar y parecía recuperado milagrosamente. No hubo rastro de nadie más de camino a la casa de Pepe, ni vivos, ni muertos. En su casa tampoco había nadie, probamos suerte con el televisor, la radio y el ordenador pero no funcionaba nada. Preparamos las armas y un par de mochilas con comida y otras cosas de necesidad. Decidimos quedarnos allí todo lo posible, las armas y las mochilas estaban preparadas por si había que salir corriendo. Comimos a eso de las dos más o menos y nos quedamos dormidos.
Un par de horas más tarde nos despertó un barullo en la calle, se oían gritos y voces extrañas. Nos asomamos con cuidado para pasar desapercibidos y vimos gente. Una multitud de gente andaba por la calle con tranquilidad pero se movían de una manera algo extraña. Entonces nos fijamos mejor y distinguimos sangre en su rostro a la altura de la boca, en sus manos y algunos en sus ropas.
Son zombis – dijo Dani
Se mueven con demasiada agilidad – dije yo
Son necrófagos – dijo Edgar – Mi familia se convirtió en eso y los tuve que matar, después corrí y me escondí en el ambulatorio, allí pase la noche y cuando oí ruidos por la mañana creía que eran más de esas cosas y por eso salí con el cuchillo, cuando os vi no me lo creí.
¿Quieres decir que esos bichos son como los de la película de veintiocho días después o como la de rec? - pregunto Pepe
Si, más o menos – respondió Edgar
Ahora sí que debemos permanecer aquí todo el tiempo posible, la calle es más peligrosa, entre los bichos raros y estos zombis que hay por las calles es imposible andar por ahí sin ser vistos – dijo Dani
Deberíamos sacarle filo a las armas que no tengan – dijo Luis
¿Y con que los vas a afilar? - pregunto Pepe
No sé, ¿no tienes nada para afilar el cuchillo del jamón? - pregunto Luis
¿Sabes con que afilamos el cuchillo del jamón? - pregunto Pepe seguido de – lo afilamos con la polla
En ese momento oímos como la puerta de un portal cercano revienta por un fortísimo golpe. Yo aun estaba al lado de la ventana y fui el primero en asomarme por ella. Las monstruosidades aquellas embestían contra los portales para abrirles paso a los zombis. Todo indicaba que íbamos a tener que salir de allí lo más rápido posible y con muchísima discreción. Arramblamos con todos los bártulos que teníamos preparados por si había que salir corriendo y abrimos la puerta de la casa, bajamos las escaleras corriendo para que al salir del portal las criaturas estuvieran aun algo apartadas. Ya en la puerta del portal agarre el pomo, mire a los demás y conté.
Uno, dos y tres...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)